Nací  en el seno de una familia de clase trabajadora, sin grandes lujos ni caprichos, donde me enseñaron que las cosas no se miden por el precio; si no por su utilidad.

¿Qué utilidad tiene el arte en nuestra sociedad?

En esta sociedad sobre saturada de mensajes que venden productos totalmente prescindibles, pero tan meticulosamente estudiados para crear la necesidad de obtenerlos, ¿Cuántas veces al día nos paramos a imaginar?  Olvidando por unos momentos la realidad del día a día cotidiano donde vamos de un lado para otro sin pararnos a mirar a nuestro alrededor, rodeados de vidas ajenas,  tan paralelas a la nuestra, enfrascados en como subir la montaña de runas que tenemos en frente por habernos destruido los sueños prometidos.

La imaginación es la mejor arma contra esas normas y esas reglas impuestas en una sociedad totalitaria, donde lo que se sale de la norma es peligroso. Sin ella estamos mentalmente muertos, nos convertimos en números, en fotocopias, en cliché de revistas, no nos paramos a pensar por nosotros mismos puesto que ya lo hacen otros por nosotros, no divagamos ni buscamos el “por que” de las cosas, somos peleles a merced de un sistema.

Imaginar es Arte, y para el 1% de la población solo sirve para salvar su patrimonio, no se aprecia ni talento, ni originalidad, ni innovación…  lo miden por el precio que vale ahora y el precio que valdrá mañana, pura especulación.

Soy una persona que tiene muchísimas inquietudes artísticas y mi cabeza no para ni un instante, desde bien pequeño siempre me ha gustado dibujar y hacer todo tipo de manualidades, las cuales a mi edad adulta he querido darles una vuelta más y expresar lo que me transmite todo lo que tengo alrededor con la imaginación. Ni busco grandes lujos ni vivir en una burbuja, solo practicar un trabajo que para mí es necesario.

Sin la imaginación, sin el Arte, sin tumbarnos a mirar las nubes, ni a hacer castillos de arena, nuestra sociedad está condenada a una involución.

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